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Agenda del desempleado: el reciente libro de Juan Sobalvarro

Octubre 12, 2007

presneta-juan1.JPGEN la presentación Esthela Calderón, Luis E. Duarte y Juan Sobalvarro. Foto cortesía de Abelardo Baldizón.
LA AGENDA DE SOBALVARRO
Luis E. Duarte

Un hombre y una ciudad son protagonista y escenario de un fin y comienzo de siglo. Esta es la lectura primigenia de Agenda del Desempleado, una colección de textos literarios que no pueden encadenarse en los cánones literarios tradicionales porque es a la vez poema, prosema, relato, crítica, comentario, cuento y leyenda urbana. El libro presentado en fragmentos, trae síntomas de enfado y frustración cuyo escenario es la urbe caótica de Managua, la ciudad de un país en vías de desarrollo, palabra que parece eufemismo en un texto desprendido de contemplaciones localistas y que se expresa con latente pesimismo, propio de una generación renuente a mitos y metarrelatos. Así describe este joven autor su visión más cotidiana: “Estas tierras no son de nadie, la gente aparejó sus tablas y se dispuso a vivir. A ver qué pasa. Porque no es en ellos natural abandonarse. Algo se hace o como sentenció el poeta: uno hace lo que puede. (…)”.
El libro cargado de simbolismos como de expresiones laicas, habla en este pasaje no de “tierra” con pretensiones nacionales como ocurre muchas veces con esta sinécdoque. Tampoco representa un localismo cualquiera, de esos interpuestos por el imaginario rural, muy arraigados en la identidad literaria nicaragüense (p. ej. Por los Caminos Van los Campesinos, De Tierra y Agua, etc).
La tierra aquí descrita es un espacio particular caótico, polivalente y confuso, puede ser la ciudad como el barrio. Un espacio sin identidad definida, porque en realidad, es un lugar de identidades dispersas, donde el espacio común se transforma según los sujetos.
Por eso tal vez, Agenda del Desempleado no es mediador entre el sujeto y su contexto urbano, por lo que está lejos de ser un relato de un sujeto específico, sino, una serie de relatos sobre los sujetos que habitan una ciudad.
En realidad no hay un hilo conductor entre todos los textos, pero evidente es la sumisión al paisaje urbano, aunque a veces las reflexiones existenciales de un individuo anónimo y complejo se recogen como partes de un todo más complejo.
Todo inicia con un fin puro, el del relato individual, por cuanto resulta el más transparente por ser el más egoísta: “Estoy acostado, pensando en lo fatal que es la vida. El tema es decepcionante y aburrido y me satura con una paz desquiciante”.
Pero el individuo que inicia a caminar por las páginas del libro desaparece en su contexto. Tanto que otros individuos toman su lugar y protagonizan las historias anónimas -los desempleados siempre son nombrados con un número que los identifica- que de una y otra manera se construyen en los diferentes textos, como por ejemplo, las mujeres de una fábrica en la Zona Franca: “Son mujeres hechas, entrenadas de vida, comedidas de placeres, conocen todos los envases, todas las etiquetas. Y saben que la esclavitud no es un drama”.
Esta frase trae consigo la provocación, igual llena de certezas o desaciertos, pero con la función de polemizar no sobre los estereotipos cotidianos, sino, sobre los modelos urbanos a la disposición.
Igual se hablan de los rótulos capitalinos, esas “luces que la maqueta urbana inventa”, como artefactos inútiles para un sujeto sin la esperanza del consumo.
La Agenda del Desempleado es un texto de paisajes urbanos que representa como un escenario fragmentado, no solamente geográfico, sino también, de identidades, como suelen ser las ciudades.
Se trata de una reconstextualización de los espacios, en nomenclaturas deformes, es decir, el barrio, los mercados, los centros de trabajo y los centros comerciales, pero también de aquellos sujetos que interactúan en la “maqueta”.
En fin, el texto se vuelve por tanto un libro de la ciudad que es un lugar de escenarios e identidades volátiles, según lo construyen sus protagonistas (el desempleado, la trabajadora, el político, el ladrón, el hombre borracho que va en una calle y reta a un ladrón a que lo mate):
Así el barrio es costra encarnada al corazón tieso de Managua. Como asilo de pretéritos. Sumidero de especies humanas mal facturadas. Mientras la Managua se tornasola entre acrílicos and smoking y el nylon embute vítreos muslos de reciente promoción”.
Por tanto no es casual que la agenda comience desde el individuo empequeñecido por el mundo que lo rodea, una ciudad en caos permanente, para pasar a su paráfrasis en la experiencia ajena y terminar en el punto de encuentro: la ciudad misma.
La Agenda del Desempleado no se abre un nuevo capítulo en la literatura de postguerra, postvanguardia o postmoderna –apellidos sobran para mencionar a la nueva generación de autores-, ni en el plano temático que es evidente en la poesía de fin de siglo, ni en el plano estético, porque son continuidad de las experimentaciones vanguardistas de hace medio siglo.
La agenda del desempleado es en cambio un síntoma común en la novísima literatura nicaragüense aunque aún no represente una tendencia. Expresa sin embargo, un deseo de recontextualizar los escenarios nacionales, la búsqueda de nuevos arquetipos y una necesidad de reconstruir identidades modernas más allá de los relatos tradicionales.

Doris Lessing: “Soy intolerante con las ideologías”

Octubre 12, 2007

doris_lessing.jpgTOMADO DE EL PAIS. ROSA MORA / M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA
Doris Lessing nació en Irán, cuando se llamaba Persia, en 1919, y pasó su infancia y juventud en Rhodesia (ahora Zimbabue). Allí empezó a leer libros que su madre le compraba por catálogo. A los 31 años se fue a Londres, con su tercer hijo y su primera novela. Dejó atrás dos ex maridos y dos hijos. Autora de libros como Instrucciones para un descenso al infierno, Memorias de una superviviente o La buena terrorista, es una apasionada luchadora por la libertad, comprometida con las causas del Tercer Mundo. Militó en el partido comunista británico, pero lo dejó decepcionada por el estalinismo. A los 82 años sigue siendo rotunda en sus opiniones, contra las feministas, por ejemplo, o contra las ideologías.
Doris Lessing cumplió 82 años cuatro días antes de recibir, el pasado viernes, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En el hotel Reconquista, donde se alojó en Oviedo, recibió un inesperado regalo. Se ilusionó como una niña, no podía abrirlo, lo intentó incluso con los dientes; al fin, la ayudaron y se encontró con la edición española en bolsillo de tres de sus libros: El quinto hijo, El diario de la buena vecina y La buena terrorista (Punto de Lectura). Dijo que le encantaban. Esta mujer de manos grandes y piel fina muestra una gran vitalidad y tiene una capacidad de entusiasmo contagiosa. Como su risa.
P. Usted escribió dos volúmenes de memorias, Dentro de mí (1994) y Un paseo por la sombra (1997). Anunció un tercero, pero lo ha sustituido por una novela, The sweetest dream, que Ediciones B publicará en mayo de 2002. ¿Qué ha pasado con la autobiografía?
R. Me encontré con un problema. Iba a abordar los años sesenta y me di cuenta de que no podía hablar desde un punto de vista real de toda aquella gente que conocí. Así que me decidí por una novela en la que, con elementos de ficción y otros reales, podía rememorar esos años.
P. Los años sesenta han fascinado a las generaciones siguientes, pero usted se muestra bastante crítica.
R. Fueron contradictorios. La cultura estadounidense, por ejemplo, culpa de todos los males a los años sesenta, y, en cambio, a otros les fascinan. Lo más importante de aquellos años y lo mejor que tuvieron para mí es que había un espíritu muy generoso. A lo mejor fue pura inocencia, ingenuidad. La verdad es que hubo una revolución sexual y todo el mundo se lo pasó muy bien, pero no cambió nada. También fueron años de droga, y eso tuvo efectos negativos, muchas víctimas, gente que se suicidó o que acabó en hospitales mentales dañada de por vida. Pagamos un precio muy alto por aquellos días. También había mucho sentimentalismo, aunque yo no comparto el punto de vista romántico de esos años. Mis amigos jóvenes me dicen que eso se debe a que soy vieja y a que estoy un poco amargada. Me pregunto ahora por qué esa generación tan privilegiada, la más privilegiada de todas, tuvo tantísimos problemas.
P. En esos años hubo un gran auge del feminismo, y su libro El cuaderno dorado, en el que aborda la crisis personal y artística de una mujer, se convirtió, contra su voluntad, en un mito, en una especie de bandera para las feministas, a las que usted ha vapuleado a placer. ¿En qué han fallado?
R. Surgió como un movimiento un tanto explosivo en los sesenta. Había detrás muchísima energía. Pero creo que se trataba de un movimiento político, y cuando se implican aspectos políticos, sobre todo de la izquierda, surgen divisiones, traiciones, abusos, y esto es lo que ocurrió. Se pasaron el tiempo peleándose en vez de buscar soluciones.
P. ¿Se benefició alguien?
R. Se trató más bien de una revolución sexual, y no lo critico, lo acepto. Sin embargo, estoy mucho más interesada en que se produzcan cambios legislativos. Lo que voy a decir es una generalización, pero creo que las que más se beneficiaron de este movimiento fueron las mujeres del ámbito profesional, no las mujeres de las clases trabajadoras ni las que viven en el Tercer Mundo. Las mujeres que no tenían ideología política pero que sí eran feministas fueron ignoradas e incluso insultadas. Si se las hubiera implicado en ese movimiento entonces, sí que hubiéramos tenido resultados positivos. Y lo que es peor, se rechazó y se insultó a muchísimas mujeres que tenían niños. Fue muy negativo.
P. Las mujeres han seguido evolucionando, ¿cómo cree que se sienten los hombres?
R. La relación entre hombres y mujeres es diferente en cada país. Por ejemplo, en Estados Unidos, es bastante mala; en el Reino Unido, un poco mejor. Los hombres se siente amenzados, y no me preocupan tanto los hombres como los niños, que se ven en una situación de inferioridad.
P. Le preguntaron el otro día en Oviedo si estaba de acuerdo en que las mujeres en el poder contribuirían más a la paz que los hombres y usted se puso casi como una fiera.
P. Tengo que decir que nosotros, en el Reino Unido, hemos tenido una primera ministra, la señora Thatcher, que condujo con gran éxito una guerra contra Argentina. Es una idea absurdamente sentimental pensar que las mujeres pueden hacer más por la paz que los hombres. No hay pruebas históricas. Siempre ha habido mujeres muy guerreras y muy racistas.
P. The sweetest dream no son memorias, ¿pero cuánto hay de Doris Lessing en esta novela?
R. Todo. No podía ser de otra manera. Julia, la protagonista, es un ama de casa un poco anticuada, autocrática, muy estricta, no entiende nada de lo que está pasando. Me he preguntado más de una vez de dónde sale este personaje con semejantes ideas. Quizá yo soy un poquito Julia.
P. No da esa impresión en absoluto.
R. No sé, no sé. Es muy alarmante. Me sorprende muchísimo cuando de repente aparece un personaje como Julia que no entiendo, que no sé de dónde vienen sus ideas. Quizá sí hay algo de Julia en mí.
P. Han pasado 50 años desde que publicó su primera novela, Canta la hierba, que entonces escandalizó porque trata de los amores de un negro con una blanca. ¿Cómo ha cambiado su vida en este medio siglo?
R. Me he vuelto muy intolerante con las ideologías. Pertenezco a una generación de grandes sueños, de utopías de sociedades perfectas, y lo que ha ocurrido es que ha habido mucha sangre. He observado a gente de mi generación que tenía grandes esperanzas y ahora la veo muy rezagada respecto a sus expectativas. Ya no creo en esos sueños perfectos y maravillosos.
P. ¿Y en qué cree?
R. Simplemente me dedico a sentarme y ver cómo pasa la vida. ¿Qué más podemos hacer? Fíjense en lo que ha pasado en los últimos meses, en cómo de repente han cambiado las cosas cuando nadie lo esperaba. Creo que nosotros, me refiero a la raza humana, tenemos una idea falsa, creemos que podemos controlarlo todo, y no es así. Somos expertos en adaptarnos al cambio, ahora a la guerra, a las enfermedades que van surgiendo, a los virus… nos vamos adaptando a todo. Creo que eso es admirable, por eso sobrevive la raza humana. En Estados Unidos hay pánico, pero todos nosotros lo vivimos de una manera bastante calmada.
P. ¿Le preocupa la muerte?
R. Radica en una cuestión de personalidad y temperamento. Hay muchos cristianos que viven permanentemente preocupados por el tema de la muerte. Sin embargo, si uno es ateo no se preocupa en absoluto.
P. ¿Está segura?
R. ¿Pero qué puedes hacer? La muerte está ahí, llegará, es inevitable. Tengo una amiga que vive en un continuo estado de terror ante la muerte y no oye nada de lo asustada que está. Ya sé que el sentido común no es ningún tipo de defensa, pero es necesario mantenerlo.
P. ¿Y la vejez?
R. Es aburridísima. Continuamente hay cosas que no te funcionan bien, todos los días hay algo que va mal. Sí, la vejez es un aburrimiento, pero la vida no es aburrida. Todo me interesa.

Poema de Marta Leonor González hecho pintura

Octubre 12, 2007

521619.jpgCharral, pintura de Carlos Ortiz, inspirada en el poema de Marta Leonor González, editora del suplemento La Prensa Literaria del Diario LA PRENSA. (LA PRENSA/J. MOLINA)
Geiner Bonilla Ruiz
TOMADO DE LA PRENSA

Paisajes, retratos y formas que encierran magia y sentimiento nicaragüense reunidos en media docena de cuadros partirán el próximo domingo hacia Michoacán, México para un encuentro intercultural entre ambos países, que lleva por nombre Michoacán y Nicaragua: Pinturas y Poemas.
Las pinturas, que fueron creadas por seis pintores pinoleros, debían estar inspiradas cada una en un poema de un escritor nacional utilizando una técnica libre de pintura. El mismo procedimiento se realizó con los seis pintores y escritores mexicanos.
Así pues, Carlos Ortiz, recreó una pintura llamada Charral, inspirada en el poema del mismo nombre escrito por Marta Leonor González. El artista Rafael Castellón, realizó la pintura El Secreto de la Vida, inspirada en el poema de Porfirio García. Sergio Velásquez, pintó Mecanismo de Defensa, del poeta Juan Chow. De la misma Manera, Olga Maradiaga, pintó Díptico, un cuadro inspirado en el poema de Gloria Elena Espinoza; Carmen García pintó Alegría en el Llano del poeta Octavio Robleto y Julio Martínez la obra De Nosotros sólo Queda… del poema de Héctor Avellán.
LA EXPOSICIÓN
La idea de este tipo de intercambios culturales, dijo Julio Martínez, surge de la unión entre las asociaciones artísticas de Nicaragua y Michoacán, México, y aunque no es la primera vez que se comparten obras entre ambos países, será la primera ocasión en que las pinturas estén inspiradas en un poema.
Carlos Ortiz, considera que este procedimiento de crear una obra a partir de otra, permite mostrar la visión que tiene un pintor sobre el arte de un poeta, representándolo físicamente.
“Es una obra gemela, es la misma idea y la misma temática, son la misma cosa, pero en expresiones de arte diferentes”, expresó Cortés.
La exposición se realizará en el Museo del Centro Histórico de Michoacán del 3 al 10 de octubre. Al evento asistirá Julio Martínez en representación de Nicaragua y se espera que la colección de obras mexicanas llegue a Nicaragua a mediados de diciembre, con un representante de los artista mexicanos.

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