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HERMANO PADRE de Josá Ángel Leyva

Febrero 9, 2010

HERMANO PADRE

Josá Ángel Leyva

A la memoria de Roberto Leyva Véliz

La muerte, profesor, enseña nada.
El magisterio comienza por el cuerpo.
Allí donde la voluntad y el sueño irrumpen,
la memoria encuentra habitación,
nos abre paso al alfabeto que soy
con mis hermanos
en tu deseo, en tu mujer, en el desorden
de palabras que van de atrás para adelante.
Se ponen las manecillas del reloj
de vuelta y media,
¿a quién dictan sin leer lo que tus labios callan?

Postrado en la inconsciencia envías mensaje.
El respirador automático trabaja la agonía,
te da el aliento necesario de la ausencia,
empuja el dolor hasta llenarte los pulmones.
Qué sabe una máquina de enigmas.
No puede seguir ni comprender el ritmo
del pie que marcha del parto a la partida.
Recuerdos quizás de aquel primer oficio.
Los pies, los dos, saludan al hijo desde el coma.
Punto y raya.
El telegrama de tu dedo, profesor,
me da en el ojo
del nervio al corazón
y punto
y coma.
Descifro la lección en clave Morse:
dignidad, amor a manos llenas,
el bosque y el papel donde me escribes.
Punto y raya.
Salto contigo en las espigas verdes
del monitor atolondrado que no aprehende
el humor de tus pinos y montañas,
tu sangre,
punto y coma.
En ese pie y el otro vas cantando
las vocales, las tablas,
tu saber
tu tiempo,
hermano padre.

(25 de septiembre de 2006, Ciudad de Durango)

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